Introducción
   
 

Probablemente muchas personas no hayan oído en su vida la palabra lipodistrofia. Se trata de una enfermedad que afecta principalmente a seropositivos (HIV) y que es provocada por los nuevos tratamientos que combaten la propagación del virus del sida.

Con los nuevos tratamientos (los famosos cócteles antirretrovirales) la esperanza de vida de los pacientes se está alargando en unos 30 o 40 años. Pero uno de los más indeseables efectos secundarios de estos tratamientos es la lipodistofia, esta sin duda es una de las alteraciones más injustas y antiestéticas que producen tales fármacos.

Se sabe mucho del tema, y al mismo tiempo se sabe poco de esta distribución irregular de la grasa, que se asocia fundamentalmente a distintos grados de atrofia facial y que aparece en más del 80% de los enfermos tratados con inhibidores de la proteasa.

Lo más grave de la lipodistrofia es el impacto psicológico en los pacientes, que no se encuentran a gusto con su físico por el mero hecho de mirarse a un espejo y que sufren mayor rechazo social por su mero aspecto físico. Algunos enfermos no pueden sobrellevar una cara que les recuerde en cada momento su enfermedad.

La sociedad todavía no está preparada para aceptar a estos enfermos crónicos y muchos de ellos se sienten denunciados ante los demás por su aspecto físico demacrado. La lipodistrofía elimina la grasa de la cara y acentúa los huesos faciales sin que se pueda hacer nada por evitarlo. Muchos enfermos abandonan sus tratamientos antirretrovirales con el riesgo de agravar su enfermedad e incluso algunos intentan suicidarse porque no pueden soportar sus demacrados rostros.

El tratamiento de la lipodistrofia era hasta hace poco tratado con el llamado "lipofilling", que consistía en la extracción de grasa del paciente para luego inyectarla en la cara del paciente, pero aproximadamente a los seis meses de la inyección, la grasa es reabsorbida por el cuerpo con la consecuente decepción del paciente.

Uno de los más renombrados cirujanos plásticos de nuestro país, el doctor Vicente del Pino, entró en contacto con el mundo de los seropositivos a través de las Unidades de Sida de Madrid (Ramón y Cajal), Valencia y Bilbao, que comenzaron a enviarle pacientes para que mejorara su aspecto físico.
El doctor del Pino está acostumbrado a trabajar con famosos y no tan famosos que quieren remodelar su físico por el mero hecho de embellecerse o atajar los efectos de la edad, pero reconoce que desde que entró en contacto con sus primeros pacientes seropositivos se ha ilusionado de tal manera que está dispuesto a buscar algún tipo de solución que permita a sus nuevos pacientes financiarse su tratamiento contra la lipodistrofia.
Del Pino reconoce que hay una gran desinformación en torno a las nuevas técnicas de tratamiento de la lipodistrofia, e incluso mucho fraude. Desde hace un año y medio y con la publicidad del boca a boca, cada vez es mayor el número de pacientes que acuden a su consulta.
Del Pino nos ha explicado que existen diferentes sustancias de relleno, las temporales (las que duran entre seis meses y un año) y las definitivas. Entre las definitivas están los metacrilatos o hidrogeles acrílicos, que se pueden considerar de por vida. La técnica desarrollada por el doctor del Pino consiste en la inyección profunda de estas sustancias definitivas de relleno en las zonas deficitarias. Las principales zonas deficitarias en pacientes con infectados por el VIH son las zonas de los pómulos, pero también las sienes o los maxilares.

Con esta técnica los pacientes sufren una transformación facial sorprendente que les permite superar la crisis que su aspecto físico les genera. El tratamiento, que utiliza anestesia local, dura entre una o dos horas dependiendo de cada caso y se considera como definitivo. Los pacientes acuden a los quince días por si fuera necesario hacer algún retoque y el doctor Del Pino concede a sus pacientes una garantía de cinco años.

 

Testimonio de Teresa Rodríguez de la Calle

 

Teresa Rodríguez de la Calle es una mujer que se levanta cada día con una misión: dar lo mejor de si misma. Es fácil pensar estas palabras, pero practicarlas como una rutina de vida, a pesar de las contrariedades cotidianas, es una ardua tarea. Durante muchos años fue comercial y hoy en día, al no tener un trabajo, obtiene sus ingresos gracias a una pensión de la Seguridad Social que le fue concedida en el año 1997, cuando tras haber sido diagnosticada seropositiva, se vio en fase terminal.

El caso de Teresa Rodríguez, es ejemplo vivo de como el VIH/Sida puede afectar a cualquiera y en cualquier circunstancia; pues muy por el contrario de los prejuicios sociales que rodean a esta afección, ella lo contrajo a través de su pareja estable, con quien tuvo un hijo.

Cuando cuenta su historia y la manera en que ha sobrevivido a los estados de salud más adversos, es imposible no expresarle lo afortunada que ha sido, a lo que ella, con absoluta sencillez responde: “Bueno, también soy una luchadora. Cuando estaba en el hospital en fase terminal pensaba en mi hijo; tenía que salir de ahí”. Conoció al Dr. Del Pino a través de su enfermera durante su estadía en el hospital, con el que decidió participar en un programa televisivo orientado al tratamiento de la lipodistrofia.

Hoy en día Teresa participa activamente como colaboradora de la Asociación Inaequo, teniendo como objeto la planificación de actividades diarias y especiales, con ayuda de voluntarios; aquí, personas con VIH/Sida, necesidades especiales y minusvalías encuentran un espacio afable. “En la asociación abrimos los miércoles y buscamos a personas en sillas de ruedas, preparamos la comida, se hacen manualidades que luego se venden en hospitales o rastrillos, en fin, es una actividad para sacarlos de sus casas y pasar el día ”, dice.

“Lo mejor que se puede aconsejar es el uso apropiado y sistemático del preservativo, y seguir una serie de pautas que prevengan la trasmisión del virus; independientemente de si se es o no seropositivo. El que le haya tocado a uno, no implica que debe pasarle a los demás. Estamos en la obligación de pensar en quienes nos rodean”.

 

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